viernes, 13 de abril de 2018

sábado, 7 de abril de 2018

Guerra.

La pequeña Otra tiene 9 años. Crece, cambia, permanece. Desde hace unas semanas me invita a la guerra. Lo noto en su mirada, en su media sonrisa: está lista para entrar en combate. A veces nos acercamos lentamente y otras, la lucha inicia de pronto, con un lance sorpresivo. Hunde su nariz en mi cuello y yo en el suyo. Y olemos, rápida, intensamente, como para acabarnos el olor del otro. Me pierdo en esa delicia, en eso que es sólo suyo, dulce y tibio, fresco, tierno. Yo juego a quitarme, queriendo en el fondo que esa hermosa guerra, "la guerra de olisqueadas", como ella lo llama, no termine nunca, nunca, nunca.

Bianco su bianco

Dos personajes en escena. La historia que nos cuentan, una historia sencilla y por momentos dolorosa: un niño lastimado que calla, un niño que encuentra quien lo abrace, que se sana con la lluvia. La muerte. Un amor sencillo, frágil, vivo. La desconfianza, la confianza. La enfermedad. El pequeño amor que combate la cercanía de la muerte. La música que a veces llena todo, la mágica danza de las luces. Esa melancolía llena de risa que sólo he experimentado en las obras de Daniele Finzi. El teatro de la caricia, como él lo llama; que sí, de nuevo me toca tan suavemente.