domingo, 2 de marzo de 2008

Dia de baño


Hoy tocó...

miércoles, 20 de febrero de 2008

velar y revelar.


"Todo ser es capaz de desnudez" (André Gide)

Somos unos pocos los que en la calle la contemplamos. La gente, los coches pasan de largo sin alzar la vista.
Poco a poco esconde su brillo tras un suave velo de sombra. Es como si guardara silencio. Como si se sonrojara.
Se transforma. Se vuelve rojiza... o café. No sé. Ese color me resulta indefinible.
Color de luna eclipsada.
La miro. La miramos, porque a mi lado esta mi Otra y también mi Otra que la habita, diminuta.
Es extraño. Al velarse, se revela. Como cuando la ropa nos muestra la desnudez que oculta.
A veces la olvido, yo tan terrenal. Pero cuando se oculta... se muestra.
¿Es así? ¿Hace falta que la belleza se esconda para que la descubra?
El tiempo pasa, y ella, lentamente, se desprende de la sombra y se desnuda.

domingo, 17 de febrero de 2008

A la orilla


Debe medir unos cinco pasos de ancho, no más; y quizá diez o doce pasos de largo. Una portería de pie en un extremo y una caída en el otro.
Está a la mitad de una barranca.
A la orilla de la pequeñísima cancha, la barranca. Atrás de la portería, la barranca. Resultaría imposible jugar más de dos minutos sin que el balón cayera rebotando a la barranca.
Y sin embargo está allí, retando a todos los absurdos.

¿Quién la hizo? No lo sé. Pero cada vez que paso por allí, sonrío. Y agradezco.
Doy gracias a quien decidió que jugar vale la pena aún en las condiciones más insospechadas, a quien levanta la risa en el brevísimo lugar que le toca, a quien se atrevió a construirse un pequeño espacio de libertad aunque esté cercado de imposibles

domingo, 10 de febrero de 2008

la mensajera


Confirmándonos que el tiempo
sigue su rumbo y avanza,
pinta su alfombra violeta,
su vislumbre de esperanza.

Nos recuerda que hay un siempre,
un principio,
una mañana.

Anunciándonos la vida,
otra vez,

la jacaranda.

(Para C.)

lunes, 28 de enero de 2008

En el templo de los dioses con colmillos


Es un templo. Al principio no lo parece, pero es un templo. No es fácil entrar, Otro, necesitarás esperar, ser paciente. Llegará tu tiempo.
Debes saber que entras en un templo, y eso implica que hagas a tu alrededor un espacio de silencio y de soledad, aunque estés rodeado de cientos de personas.
No tengas prisa, déjala fuera. Deja que los apresurados pasen. Tu, Otro, camina despacio, escuchando como rechina la madera del suelo bajo tu pisada. Y ábrete, ablándate, deja entrar cada imagen y no sólo cada imagen, también la música, los murmullos, el maravilloso espacio suavemente alumbrado. Déjate inhundar por él. Cree.

Mira detenidamente, déjate afectar por lo que miras. Si sientes un escalofrío –lo sentirás- o si se forma un nudo en tu garganta –se formará-, déjalo estar. Respira. Ablándate aún más, ábrete de nuevo.
Observa cada proyección de principio a fin. No pierdas nada. Una vez que la hayas visto completa, acércate a la pantalla y deja que vuelva a iniciar, vuelve a mirar lo a mirado durante algunos minutos y luego, dando la espalda a la pantalla, camina mirando las caras de la gente que ve la proyección. Observa sus rostros de asombro, su emoción, su reverencia.

Ve a esos dioses enormes y silenciosos, su gigantesco vaivén, su piel gruesa y arrugada, sus ojos ancestrales y sabios, sus colmillos. Cree que efectivamente las estrellas son sus ojos en el cielo. Recuerda que son dioses y que alguna vez lo supiste.
Estira tu manos para acariciar la del orangután, y deja que te bese suavemente, intensamente. Pregúntate, aunque no hay respuesta, si eres tú quien se conmueve con él o si es él quien se conmueve contigo.
Nada con el manatí y con las ballenas. Vuélvete una estatua al lado de los guepardos. Acuna entre tus brazos al lince. Atemorízate ante la violencia de las hienas. Sigue el vuelo luminoso de el águila. Danza, vuela, sumérgete, susurra, ora, calla.

O no, quizá es mejor que olvides lo que he dicho. Solo entra en el templo y mira con tus propios ojos…

(Al salir de la exposición “Ashes and snow” de Gregory Colbert en el Museo Nómada. Zócalo de la Ciudad de México)

viernes, 18 de enero de 2008

En la hondura silenciosa


En la hondura silenciosa de tu vientre
hay un canto convocando la mañana,
se disipa la tiniebla y amanece
y hay un súbito repique de campanas.

El azul está rasgándose de estrellas,
un rumor de manantial ya se presiente,
hay un ritmo de tambores que despierta
y una ráfaga de pájaros y peces

Hay el mar con su certeza de infinito,
hay la tierra que sostiene nuestros pasos,
hay el aire deshilando remolinos,
hay el fuego incandescente y su zarpazo,

hay el tiempo y el latido de sus horas,
hay las cebras cabalgando en la llanura,
hay glaciares, hipocampos, mariposas,
una sangre alborotada por la luna,

hay el canto de los grillos, hay España,
hay un hombre conversando con sus libros,
hay la mina, la madera, la cabaña,
el arroz y los frijoles y los hilos,

hay tus ojos y mi miedo, nuestra risa,
lo pasado, lo futuro, lo presente,
hay la muerte y el asombro de la vida
en la hondura silenciosa de tu vientre

(Para mi Otra, en su cumpleaños)

domingo, 13 de enero de 2008

La palabra de Angel Gonzalez

La vida en juego.

"Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.
Donde tengo el amor, toco la herida.
Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego..."


Milagro de la luz

"Milagro de la luz: la sombra nace,
choca en silencio contra las montañas,
se desploma sin peso sobre el suelo
desvelando a las hierbas delicadas (...)

Una sombra más leve y más sencilla,
que nace de tus piernas, se adelanta
para anunciar el último, el más puro
milagro de la luz: tú contra el alba".