Para tus ojos ávidos, el mundo
los mil colores que viven en el verde
la luna que es de nadie y es de todos
el viejo sabio y rojo que es el fuego
Para tus ojos límpidos, el mar
el impasible azul del ancho cielo
lo enorme y también lo diminuto:
el musgo, el caracol, la catarina
Para tus ojos, hija, la belleza
la perenne y la fugaz, también la humana
el arte, las galaxias, las ballenas,
la piedra, el gato, el sol, las catedrales
Para tus ojos, el milagro de los rostros
sus sonrisas, su historia, sus arrugas
su dolor para encenderte rebeldías
su ternura para abrirte las ventanas
Para tus ojos infinitos, el encuentro
la desnudez que es siempre única y primera
y a su tiempo, otros ojos que se asomen
deslumbrados al misterio de tus ojos.