Te comparto algo de las palabras de Wislawa, Otro. Sirven pal frío.
Vietnam
Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.
Y de su hermoso discurso al recibir el Nobel en 1996:
"Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: no sé. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta”.
jueves, 2 de febrero de 2012
miércoles, 1 de febrero de 2012
Wislawa
"Enseño a callar
en todos los idiomas
con un método contemplativo:
del cielo estrellado,
las mandíbulas del sinantropus,
el salto del grillo,
las uñas del recién nacido,
el plancton,
el copo de nieve".
Tu palabra Wislawa.
Limpia, luminosa, sencilla.
Tu poesía que parece tan simple y que de pronto, tras la esquina me deja desnudo y tiritando.
Tu mirada -porque la poesía es, sobre todo, una forma de mirar- que alumbra lo pequeño y lo santifica.
Hoy, a sus ochenta y ocho años y en su Polonia, murió Wislawa Szymborska.
Y yo extrañaré su modo de mirar.
"Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente".
miércoles, 18 de enero de 2012
38
domingo, 15 de enero de 2012
Álbum de familia
"A fin de cuentas, la promesa de seguridad hecha por un padre a un niño temeroso, es la promesa más importante de toda la vida humana. Ésta posee sin duda unas fuerzas tan fenomenales que incluso el destino ha de apartarse".
De nuevo el azar o la casualidad o el misterio. De nuevo en un puesto de libros usados. De nuevo una novela de la que no tengo referencias y una autora de la que no había escuchado.
Entro al libro como a un viaje sencillo, divertido incluso; poco a poco, conforme avanzo por sus páginas, el camino se hace más estrecho, el cielo se nubla, escucho ruidos extraños; más tarde me doy cuenta de que ha oscurecido y que hace frío, hay algo amenazante que palpita. Luego, la oscuridad total. La autora, Renate Dorrestein, me ha traído aquí, a este lugar que es, quizá, el infierno.
La linea en la que el amor se convierte en locura, en obsesión y en muerte. El absoluto horror
Y aún allí, el débil titilar de una lucecita: unos pies diminutos y un corazón que late. La vida, o la esperanza, que es acaso sólo otro de sus nombres.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
agosto, octubre
De pronto, Otro, uno se encuentra con la novela que hubiera querido escribir.
La breve historia de Tomás me atrapó, me zarandeó por momentos, me puso un nudo en la garganta en sus últimos párrafos.
Leí los titubeos de ese adolescente, su desilusión, su deseo, su primer encuentro con la muerte y con el sexo, su terrible acto de cobardía.
Supongo que durante mucho tiempo me acompañará la imagen de ese muchacho trémulo abrazado a una chica vestida de romano en una pequeña estación de tren de pueblo.
Hay tanta mesura, tanta precisión, tanto no dicho y sólo sugerido en la prosa de Andrés Barba.
Se trata de una novela que me hace preguntas, que siempre es ambigua: tierna y cruel al mismo tiempo, dulce y amarga, simple sólo en apariencia y compleja en su profundidad, hermosísima y desolada.
No es que sea la mejor o las más perfecta, pero es, sencillamente, la que hubiera deseado escribir.
lunes, 5 de diciembre de 2011
ochenta y un día
A veces, algunas mañanas, me miro en el espejo, me miro desnudo en el espejo y me sorprendo. Soy él, me digo. Soy tú.
Y eso es la vida.
Y está bien
Y eso es la vida.
Y está bien
martes, 8 de noviembre de 2011
Tomás Segovia
"La poesía tal como yo la concibo es justamente esa cosa milagrosa de llegar a la sabiduría (...) yo sabía que no era tan sabio como mi poema. Es la poesía la que es sabia. Es lo milagroso. La tentativa del poeta es producir algo que le asombre a sí mismo. Es un parto".
Ayer murió Tomás Segovia. No se si decir: poeta del exilio o de los exilios, pues en eso anduvo.
Nació en España en 1927, vivió en Francia, en Marruecos y muchos años, hasta ayer, en México.
Queda su palabra, el fulgor de su palabra, poderosa y al mismo tiempo tierna; su búsqueda de lo erótico, aún en lo más explícito; su sencilla lucidez.
"Estoy más triste que un zapato ahogado
estoy más triste que el polvo bajo los petates
estoy más triste que el sudor de los enfermos
estoy triste como un niño de visita
como una puta desmaquillada
como el primer autobús al alba
como los calzoncillos de los notarios..."
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