sábado, 25 de febrero de 2012

y de repente...


En unos minutos, nuestra calle se pintó de blanco.
Mi Otra y la pequeña Otra disfrutaron... y yo mirándolas.

miércoles, 22 de febrero de 2012

50


Un día como hoy, hace cincuenta años, aparecieron los cronopios, esos entrañables seres verdes y húmedos. ¡Bailemos tregua y catala!
Felicidades a ellos y gracias a Julio por nacerlos.

lunes, 6 de febrero de 2012

jueves, 2 de febrero de 2012

De sus palabras

Te comparto algo de las palabras de Wislawa, Otro. Sirven pal frío.

Vietnam

Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.

Y de su hermoso discurso al recibir el Nobel en 1996:

"Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: no sé. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta”.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Wislawa


"Enseño a callar
en todos los idiomas
con un método contemplativo:
del cielo estrellado,
las mandíbulas del sinantropus,
el salto del grillo,
las uñas del recién nacido,
el plancton,
el copo de nieve".


Tu palabra Wislawa.
Limpia, luminosa, sencilla.
Tu poesía que parece tan simple y que de pronto, tras la esquina me deja desnudo y tiritando.
Tu mirada -porque la poesía es, sobre todo, una forma de mirar- que alumbra lo pequeño y lo santifica.

Hoy, a sus ochenta y ocho años y en su Polonia, murió Wislawa Szymborska.
Y yo extrañaré su modo de mirar.

"Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente".

miércoles, 18 de enero de 2012

38


Treinta y ocho, pero no parece. Ni siquiera treinta y cinco. Quizá treinta y tres.
Y yo he estado allí doce.
Lo celebro y celebro su existencia.

domingo, 15 de enero de 2012

Álbum de familia


"A fin de cuentas, la promesa de seguridad hecha por un padre a un niño temeroso, es la promesa más importante de toda la vida humana. Ésta posee sin duda unas fuerzas tan fenomenales que incluso el destino ha de apartarse".

De nuevo el azar o la casualidad o el misterio. De nuevo en un puesto de libros usados. De nuevo una novela de la que no tengo referencias y una autora de la que no había escuchado.
Entro al libro como a un viaje sencillo, divertido incluso; poco a poco, conforme avanzo por sus páginas, el camino se hace más estrecho, el cielo se nubla, escucho ruidos extraños; más tarde me doy cuenta de que ha oscurecido y que hace frío, hay algo amenazante que palpita. Luego, la oscuridad total. La autora, Renate Dorrestein, me ha traído aquí, a este lugar que es, quizá, el infierno.
La linea en la que el amor se convierte en locura, en obsesión y en muerte. El absoluto horror
Y aún allí, el débil titilar de una lucecita: unos pies diminutos y un corazón que late. La vida, o la esperanza, que es acaso sólo otro de sus nombres.