jueves, 8 de noviembre de 2012

ser cuerpo

De pronto, otro, fui nada más que un cuerpo. Y un cuerpo dolorido, para peor. Un cuerpo al que desnudan, voltean, miran, miden, inyectan, cortan, zurcen, limpian, cargan, introducen sondas, evalúan... Un cuerpo que sangra y se queja y se desgarra, que espera como si no tuviera voluntad. Y en medio de eso, de pronto, el recuerdo de mis Otras -la grande y la pequeña- y entonces, aún en esas condiciones, vuelvo a tener alma y nombre y vuelvo a ser quien soy.

viernes, 26 de octubre de 2012

El Gran Gatsby

Un sueño que espera años para hacerse realidad, y cuando al fin ocurre, deja un sabor amargo a desilusión, a vacío. ¿Qué se hace cuando el sueño que has perseguido durante años, al hacerse realidad, se destruye entre tus manos? Hermosa y triste, desgarrada, la clásica novela de F. Scott Fitzgerald deja una estela de melancolía y de belleza. ¿Las has leído, Otro? Te recomiendo que lo hagas antes de que aparezca la nueva película que quizá nos robe algo de ese libro bellísimo. Yo no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ese hombre, Jay Gatsby, mirando la pequeña luz verde al otro lado del lago, mirándola y extendiendo los brazos. ¿No tenemos todos un sueño que lentamente va muriendo? ¿No tienes tu, como yo, una luz verde que significa la felicidad y que siempre, siempre, queda lejos?

sábado, 20 de octubre de 2012

Hojas secas

De pronto encuentro hojas secas en los bolsillos de mi chamarra. Hojas secas, también en mi mochila y en la bolsa de mi Otra. Hojas secas en el mantel, sobre los tapetes, en el piso de la cocina. Hojas amarillas u ocres, de bordes rojizos o verdes intenso. Resulta que a la pequeña Otra le ha dado por recoger las hojas secas que va encontrando por la calle, grandes y pequeñas, completas y rotas. "¿Qué hacen unas hojas en el basurero?" pregunta. Para ella, las hojas secas no son basura. Así, la casa, los rincones, los bolsillos se van llenando de esos pequeños tesoros.

martes, 25 de septiembre de 2012

raspones

Corría como una campeona por la pista del parque, incansable. En una curva, una bicicleta apareció y se estrelló con ella, la hizo dar una vuelta y caer de espaldas. Luego de un breve silencio, llanto inconsolable y un raspón ardiente en el brazo. Mucho tiempo se quedó entre asustada y triste la Pequeña Otra. Supongo que era el descubrimiento de que la vida tiene riesgos, hay accidentes, salimos lastimados. Yo miro ese raspón, el primero de ese tamaño y pienso, asustado, en los otros raspones y heridas que la esperan en la vida. Vivir es rasparse, inevitablemente. Y en silencio ruego a sus guardianes, a las estrellas, al Misterio: qué sean pocos, muy pocos, poquititos...

sábado, 1 de septiembre de 2012

Los incondicionales.

Amigos entrañables, cómplices de aventuras, compañeros inseparables que no demandan nada, locuras compartidas, antagonistas, paños de lágrimas, los que le devuelven la risa, quienes la hacen gritar, con quienes pelea incansablemente, ternura a veces, carcajadas, espejos... Son Tata y Rana Ranushka, un mono sucio y tonto y una rana loca. ¿Cómo agradecerles su presencia en la vida de la pequeña Otra, si son sólo dos títeres? Aún así, les agradezco y los honro. Gracias Tata. Gracias Rana. Gracias.

viernes, 24 de agosto de 2012

Rimbaud, el hijo

La belleza deslumbrante, ensordecedora, de la novela de Pierre Michon, de cada una de sus frases. Como si las esculpiera en piedra o las tallara en madera. Pesan y vuelan. Intrincadas, si, pero valen el esfuerzo: suenan a oración o a conjuro. Para que te digo más Otro. Léelas: "¿Son las potencias? ¿Es la guerra? ¿Es haber deshecho el antiguo protocolo y habernos dejado a todos sin protocolo, impotentes y taciturnos como almiares en la noche? ¿Es la amarga alegría de haber hecho del poema ese algo erguido, sombrío y vano, taciturno, despreocupado de los hombres como un almiar en la noche? ¿Es la gloria, lejos de los almiares y de los hombres, para las estrellas, como las estrellas? ¿Es junio? ¿Es el sanctus? (...) Ah, es quizá el tenerte por fin aquí abrazada, madre que no me lees, que duermes profundamente en el pozo de tu recámara, madre, tú para quien invento esta lengua de madera en la cercanía de tu duelo inefable, de tu encierro sin salida. Mi voz crece para hablarte desde la lejanía, padre que nunca me hablarás. ¿Qué es lo que hace renacer sin fin la literatura? ¿Qué es lo que hace escribir a los hombres? ¿Los demás hombres, su madre, las estrellas, o las viejas enormidades, Dios, la lengua? Las potestades lo saben. Las potestades del aire son ese sutil viento entre las hojas"."

jueves, 9 de agosto de 2012

La Vida Entera

Hay novelas en las que vives por un tiempo. No sólo las lees: vives en ellas. "La Vida Entera", de David Grossman es así. Durante varias semanas viví en ella. Viví con Ora, esa mujer que huye de casa creyendo que si no la alcanza la noticia de la muerte de su hijo, éste seguirá vivo. Viví con Abram y su miedo a la vida luego de ser casi destruido. Viví con Ofer, cuya vida cuelga de un hilo. Todo está allí escrito magistralmente: el amor y el desamor, la locura, el dolor, la paternidad y la maternidad, el sexo, la vida y la muerte. Por momentos Grossman pone palabras a experiencias que creí que no podían ser dichas. Y lo hace con tal belleza, con tal conocimiento de lo humano, que me estremecen. Leo con los ojos húmedos, deslumbrado y conmovido. Viví en estas páginas durante un tiempo. Estoy convencido de que ahora estas páginas vivirán en mí.