sábado, 1 de agosto de 2009

el lugar


Hasta ayer, el pecho de mi Otra había sido infalible. Si la pequeña despierta en la madrugada, el pecho la calma y la duerme. Ayer no.

La pequeña Otra está enferma. Tiene una gripe más grande que ella.
Cuando despertó llorando le dieron pecho... pero su nariz estaba completamente tapada. Si mamaba no podía respirar. Intentamos varias veces y no hubo modo. Ella lloraba desconsolada. Su llanto se hizo grito, desesperación, furia. No había modo de consolarla. La cargaba uno, la abrazaba el otro. Su llanto, su grito no paraba. Y nada duele más que eso. Nada.

Entonces mi Otra la tomó en sus brazos, junto a su corazón, sentada sobre la cama, y yo abracé a mi Otra por la espalda, tan cerca como era posible, sosteniéndola.
Y fuimos juntos, los tres, a un lugar hondo, profundo. Un lugar extraño de extremos que se confunden. Un lugar muy oscuro pero resplandeciente, horriblemente hermoso. No encuentro modo de describirlo. Ese lugar sin nombre.
Pasó un tiempo que parecía eterno, hasta que poco a poco, bajó la furia, bajó el llanto y la pequeña se quedó dormida. Seguimos así un rato más, hechos bolita, hasta que la escuchamos respirar por la nariz.
Nunca, desde que tengo memoria (quizá antes si) estuve tan cerca de alguien, nunca tan unido.
Luego, llegó la luz del día.

miércoles, 29 de julio de 2009

por la arena


No sé porqué o para qué lo escribo. Quizá porque no he podido quitármela de la cabeza y quizá ésta sea una forma de lograrlo.
Estaba en Zihuatanejo hace unos días, sentado de cara al mar. Ella caminaba lentamente por la arena. Una mujer jóven, me parece, con el cuerpo totalmente deformado. Una joroba en la parte izquierda de su espalda, el torso muy corto y torcido. Llevaba unas bermudas rosas y una camiseta también rosa.
Mientras recogía conchitas miraba hacia las olas y hacia el sol. Y sonreía.

Pensé que habría que escribir un poema, una novela, una sonata. Pensé que habría que ser capaz de crear la belleza, pero no se cómo.

Entonces no agregaré nada más.
Nada.

lunes, 13 de julio de 2009

vida felina


Me mira con sus ojos asombrados, juguetones, traviesos; y con una media sonrisa me invita (o me ordena, ya no sé) diciendo: "Miau".
Y entonces, al conjuro de ese maullidito, me convierto yo también en gato. Maúllo, muevo mi cola invisible, brinco.
Como la pequeña Otra, me pongo en cuatro patas y la sigo por toda la casa, gateando, con las rodillas adoloridas y el pantalón hecho un asco. Prefiere los lugares más peligrosos, así que a cada paso tengo que salvarla de la esquina de un mueble, de la puerta que se cierra, del resbalón traicionero. Soy un gato de segunda, siguiendo siempre al gatito que decide a donde ir, que rasguña la alfombra, que se tira de panza, que de pronto se aburre y sencillamente se pone a llorar o a tomar mamila o a abrir un libro dejándome tirado, con las rodillas y las manos en el suelo, todavía gato, agotado, agatado, mirándola crecer.

lunes, 6 de julio de 2009

zaz


La pequeña Otra no para, no se detiene, no da tregua. Sube y baja, pide, exige, juega, es un perro, es un gato, es un tigre, quiere cuentos, quiere que la carguen, quiere que la dejen en paz, quiere gatear en horas de sueño, quiere comerse el mundo con sus ojos inmensos.
Nomás por curiosos buscamos cual sería su horóscopo maya. Seguimos instrucciones, hicimos cuentas.
Es 1 Tormenta, ni más ni menos.
Pa su!

recuerdo


Su muerte pasó casi inadvertida porque ocurrió el mismo día que la de Michael, ese selenita. No para mí.
Porque ella, a mis nueve o diez años fue el despertar del erotismo, las primeras fiebres, las primeras calenturas. Como muchos pubertos de mi edad, tenía un poster suyo en mi habitación. Su sonrisa radiante, su cabellera salvaje acompañaron mis primeros sueños sexuales.
Una tarde aburrida tuve una iluminación: en medio de una película aburridísima, llamada, creo, Saturno 3, por una fracción de segundo, tuve un atisbo de su pecho izquierdo desnudo. Fue suficiente para encenderme durante meses.
Hoy la recuerdo con ternura y con deseo. A Farrah Fawcett, mi primera novia.

lunes, 18 de mayo de 2009

el tercer abuelo


A veces he pensado que yo tuve tres abuelos. Fausto e Ignacio, por supuesto. Tú el tercero.

Te leí por primera vez en la adolescencia y tu palabra me transformó, me abrió caminos. Tu palabra cargada de ternura y de indignación contra la injusticia me enseñó sobre mi propia ternura y mi propia indignación. Mi conciencia política -la poca que tengo- la aprendí de tí. Fuiste mi maestro.

Leí cada poema tuyo, cada cuento, cada novela, cada ensayo, cada obra de teatro. Alguna vez, hice una fila durante horas y luego te escuché bajo una lluvia torrencial afuera de Bellas Artes.
Es verdad que en los últimos años, no he podido conectarme con tu palabra, quizá siempre pasa así con nuestros mayores.
¿Cambié yo o cambiaste tú? Quizá yo me hice más complicado y tu te simplificaste demasiado. No importa. Al enterarme ayer que acababas de morir te agradecí en silencio.
Porque hasta donde sé fuiste un hombre congruente.
Porque aún hoy, cuando me da miedo vivir y elijo el camino fácil, cuando no me comprometo, resuenan en mí tus palabras: "No te quedes inmóvil / al borde del camino / no congeles el júbilo / no quieras con desgana / no te salves ahora / ni nunca / no te salves / no te llenes de calma..."
Y me prometo a mí mismo no salvarme.

Gracias de corazón, Maestro. Gracias Mario, abuelo.

lunes, 20 de abril de 2009

samadhi


Una paciente me cuenta su exploración por la llamada Sexualidad Sagrada.
Su pareja y ella, dice, hacen el amor durante horas. Él entra en trance y habla lenguas, recuerda que habían estado juntos en vidas pasadas. Alcanzan el Samadhi, es decir, un estado de conciencia donde se rompen barreras con lo material y se unen a la Divinidad.
Le sorprende mi poco interés por esas experiencias siendo yo sexólogo.
¿Cómo decirle que ya las he buscado? ¿Cómo decirle que hoy, lo que busco en la sexualidad es un encuentro real y sencillo con la persona que amo, de carne y hueso, en toda nuestra maravillosa pequeñez?
¿Cómo decirle que a través de la sexualidad ya alcancé mi particular Samadhi?
Mi Samadhi tiene casi 10 meses de edad, se enfermó hace poco y la cuidé, se duerme entre mis brazos, les están saliendo los dientes, imita a un león fiero, me acaricia la cabeza con manitas minúsculas. Y no creo que haya nada más alto y misterioso a lo que se pueda acceder a través de la sexualidad.