martes, 29 de enero de 2013
La Historia del Amor
"Es posible que la primera mujer fuera Eva, pero la primera muchacha siempre será Alma" (Nicole Krauss)............................
Si algo define a "La Historia del Amor", la novela de Nicole Krauss, es la ternura. Una profunda ternura por cada uno de sus personajes. Lejos de mi gusto más reciente por las novelas tristes, complejas y oscuras, la historia de Krauss me llevó de la mano, suavemente. El anciano Leo Gursky dando la cara a la muerte, su entrañable amistad con Bruno; la silenciosa traición de Litvinoff; el pequeño Bird que cree ser el Mesías; la búsqueda de Alma y su dulce su manera de mirar el mundo... Cada capítulo lleno de detalles bellos y sutiles, el sentido del humor que me obliga a reír de lo pequeños que somos, de lo torpes que somos, de lo hermosos que podemos ser. Por unos días me olvidé de las novelas oscuras y me descubrí leyendo -en el metro, en el colectivo, en el consultorio- sin dejar de sonreír.
sábado, 5 de enero de 2013
Paella de Reyes
Casi día de Reyes. La Pequeña Otra quiere comer paella, así que vamos al Portal de Cartagena, ese entrañable lugar al que llamo "mi cantina". Hay que decir que la paella del Portal es de las pocas cosas en la vida que se acercan a la perfección. Pues la Pequeña Otra come. No hace distingos: le entra al arroz, al pollo, a los camarones, a las verduras, a las almejas,a las salchichas, a los mejillones. Una parte de mí disfruta enormemente... y otra parte empieza a calcular que esta pequeña hedonista me va a salir muy cara.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Alquimia con u triste
La pequeña Otra lee. Reconoció algunas letras, al principio; conoció su sonido, descubrió que al mezclarlas -alquimia- se convierten en sílabas, en palabras, en frases. Emocionada, orgullosa, deslumbrada, lee. Se concentra, sigue cada letra con su dedo, sus ojos brillan y pronuncia la palabra que acaba de descifrar. Y hace interesantes descubrimientos: "Mamá, ¿cual es la ENE?" Mi Otra traza una "n" sobre el cuaderno. La pequeña Otra la reconoce: "Ah si, es como una "u" triste".
jueves, 8 de noviembre de 2012
ser cuerpo
De pronto, otro, fui nada más que un cuerpo. Y un cuerpo dolorido, para peor. Un cuerpo al que desnudan, voltean, miran, miden, inyectan, cortan, zurcen, limpian, cargan, introducen sondas, evalúan... Un cuerpo que sangra y se queja y se desgarra, que espera como si no tuviera voluntad. Y en medio de eso, de pronto, el recuerdo de mis Otras -la grande y la pequeña- y entonces, aún en esas condiciones, vuelvo a tener alma y nombre y vuelvo a ser quien soy.
viernes, 26 de octubre de 2012
El Gran Gatsby
Un sueño que espera años para hacerse realidad, y cuando al fin ocurre, deja un sabor amargo a desilusión, a vacío. ¿Qué se hace cuando el sueño que has perseguido durante años, al hacerse realidad, se destruye entre tus manos? Hermosa y triste, desgarrada, la clásica novela de F. Scott Fitzgerald deja una estela de melancolía y de belleza. ¿Las has leído, Otro? Te recomiendo que lo hagas antes de que aparezca la nueva película que quizá nos robe algo de ese libro bellísimo. Yo no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ese hombre, Jay Gatsby, mirando la pequeña luz verde al otro lado del lago, mirándola y extendiendo los brazos. ¿No tenemos todos un sueño que lentamente va muriendo? ¿No tienes tu, como yo, una luz verde que significa la felicidad y que siempre, siempre, queda lejos?
sábado, 20 de octubre de 2012
Hojas secas
De pronto encuentro hojas secas en los bolsillos de mi chamarra. Hojas secas, también en mi mochila y en la bolsa de mi Otra. Hojas secas en el mantel, sobre los tapetes, en el piso de la cocina. Hojas amarillas u ocres, de bordes rojizos o verdes intenso. Resulta que a la pequeña Otra le ha dado por recoger las hojas secas que va encontrando por la calle, grandes y pequeñas, completas y rotas. "¿Qué hacen unas hojas en el basurero?" pregunta. Para ella, las hojas secas no son basura. Así, la casa, los rincones, los bolsillos se van llenando de esos pequeños tesoros.
martes, 25 de septiembre de 2012
raspones
Corría como una campeona por la pista del parque, incansable. En una curva, una bicicleta apareció y se estrelló con ella, la hizo dar una vuelta y caer de espaldas. Luego de un breve silencio, llanto inconsolable y un raspón ardiente en el brazo. Mucho tiempo se quedó entre asustada y triste la Pequeña Otra. Supongo que era el descubrimiento de que la vida tiene riesgos, hay accidentes, salimos lastimados. Yo miro ese raspón, el primero de ese tamaño y pienso, asustado, en los otros raspones y heridas que la esperan en la vida. Vivir es rasparse, inevitablemente. Y en silencio ruego a sus guardianes, a las estrellas, al Misterio: qué sean pocos, muy pocos, poquititos...
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