martes, 29 de marzo de 2016

El Color del Verano

Una fiesta. Una fiesta enloquecida, absurda, excesiva, alucinada, sexual, mariconsísima, es la novela de Reinaldo Arenas, el escritor cubano exiliado en Estados Unidos que se suicidó a los cuarentaisiete años, justo mi edad. Una fiesta también de la palabra, que Arenas hace brillar, incandescente. Pero también una fiesta envenenada, porque atrás de tanta pinga descomunal y tanto bollo, atrás de tanta templadera, mamadera y singadera hay una crítica mordaz y despiadada a una tiranía que se hunde, hay un dolor profundo por la propia patria, una rebelión imposible de callar, una rabiosa forma de venganza.

viernes, 19 de febrero de 2016

Umberto Eco (1932-2016)

El ingenio y la inteligencia. La posibilidad de transformar la teoría en literatura. La mirada siempre lúdica y penetrante. Inolvidable la experiencia de encontrarlo por primera vez en El Nombre de la Rosa. Esa especie de burla docta que es El Péndulo de Foucault. Lo mucho que aprendí al mismo tiempo que reía con Baudolino... y tanto más. Hoy murió. Gracias, Maestro.

miércoles, 27 de enero de 2016

El Sermón sobre la Caída de Roma

Esa hermosa sensación de abrir la novela de un autor que desconoces y a las pocas páginas saber que te será imprescindible. Que apenas has dado vuelta a unas pocas hojas y ya eres suyo. Eso, justo así con El Sermón Sobre la Caída de Roma, de Jerome Ferrari. La historia parece tan simple: un par de amigos que renuncian a seguir en la carrera de filosofía para administrar un barecito en su pueblo; también, allí, la historia del abuelo, brevemente la de la hermana. Pero en esa sencillez, Ferrari dice mucho más, dice cosas que me encogen el corazón, dice acerca de la muerte y el nacimiento de mundos. Mundos que aparecen y desaparecen sin darnos cuenta. Mundos que dejan de existir, que nunca más volverán a ser, y que apenas dejan huella. Mundos que acaso nadie recordará. Mundos que terminan para dar a luz otros mundos. Ah... ¡y la prosa de Ferrari! Una especie de rio, de afluente que se desliza. Prácticamente sin puntos y aparte, el río de sus palabras me lleva, crece, se ensancha, se debilita, y yo allí, sumergido y absorto. "En verdad ignoramos lo que son los mundos -escribe Ferrari- podemos acechar, sin embargo, las señales de su fin. El disparo de un obturador en la luz del verano, la mano fina de una joven fatigada, apoyada sobre la de su abuelo, o la vela cuadrada de un barco que entra en el puerto de Hipona, llevando consigo, desde Italia, la noticia inconcebible de que Roma ha caído".

sábado, 23 de enero de 2016

Rojo y Negro

Me había quedado pendiente, Otro. La leí apenas. A veces no es fácil acercarse a los Clásicos con mayúsculas. Da miedo. ¿Y si es muy difícil? ¿Y si es muy antiguo? ¿Y si no? Pues me acerco a pesar de ese miedo y sin darme cuenta cómo, acabo atrapado por la historia, por la intensidad, por las pasiones que se guardan allí. Extraño, que el personaje principal. Julien Sorel sea un cínico, un arribista, un hombre inteligente que en el fondo sólo busca poder y un lugar en la sociedad. Un héroe tan poco heroico. Y sí, adentrarse en otra época, donde la diferencia de clases es aún más salvaje que ahora, donde el amor es una especie de ajedrez complicado lleno de estrategias y mentiras, donde el sexo, eso sí, es lo de siempre, esa fuerza ingobernable; y donde los asuntos de honor se resuelven con un duelo. Me veo incapaz de soltar la novela de Stendhal en su parte final, atrapado, agotado, triste y a la vez, feliz

martes, 19 de enero de 2016

Michel Tournier (1924-2016)

Ayer murió Michel Tournier, quien escribió "Viernes o los limbos del Pacífico", esa extraña e inquietante novela que, entre otras cosas, me enseñó que la realidad no existe sin el otro que confirme mi mirada. "No concibo otra mejor definición de adulto que esta: es adulto aquel que, cualquiera sea su edad, ha perdido a alguien".

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Y mientras tanto, Matilda

En su estar imperturbable / de palpitante tibieza / hecha un ovillo sedoso / en su gatidad perfecta / profundamente dormida / ¿será que Matilda sueña? / Mientras yo, en el otro lado / huyo del viento que arrecia / del tiempo que se me escapa / que se escurre, que gotea. / Yo, fingiendo que termina / lo que ni siquiera empieza, / yo, luchando contra nadie / contra mi sombra más densa. / Yo, en la mira de la muerte / que espera. / Yo, con las manos tendidas / hacia promesas inciertas / con la costumbre malsana / de no mirar las estrellas, / la paciencia de la muerte / que acecha. / Y mientras tanto, Matilda / abre sus ojos, bosteza / vive su vida sin muerte, / su fugacidad eterna, / se asoma por la ventana / se estira / se despereza.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Habladles de batalles, de reyes y elefantes.

Miguel Ángel, el artista, es invitado a la corte del Sultán Turco para diseñar un puente en el Cuerno de Oro de Constantinopla. De algún modo, huye de Julio II, el Papa, y de sus problemas en Roma. Las dificultades de la creación, las intrigas políticas, el sexo y el amor. La bellísima y andrógina joven que añora su Granada perdida; el amor silencioso de Mesihi; los paisajes de Estambul, sus mezquitas, sus puentes, su misterio. Y una prosa bellísima y llena de colores. Todo eso en la novela de Mathias Enard. Hermosa.