domingo, 10 de enero de 2021

Gilead


No había oído de Marilynne Robinson, ignorante de mí. Se trata de una de las mayores escritoras estadounidenses. Es una de esas escritoras que decide poner su mirada y su palabra en un lugar pequeño y en sus pequeñas personas. Tres de sus novelas tratan de las vidas de un par de familias en un pequeño pueblo religioso en Iowa

Gilead se llama el pueblo y esta novela. En ella, el reverendo John Ames, escribe una carta a su hijo. Si últimamente he pensado en la mirada crepuscular, esta hermosa novela es un ejemplo de ella. Ames es viejo, la muerte no está lejos, y desde allí mira y habla. Su mirada y su palabra están llenas de una compasión y un asombro conmovedores en donde los pequeños detalles son fundamentales. El reverendo se asombra de la pequeña belleza del mundo, de su mujer, de su hijo, de la pradera y da una lección de Teología con cada uno de sus actos. Robinson presta sus ojos para mirar lo sagrado en lo cotidiano. Sutil, terreno, bellísimo.

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