sábado, 30 de abril de 2011

Ernesto Sabato (1911-2011)


"Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo".
(Sabato)

Hay libros que dejan una huella imborrable. Y a veces más que huella es una herida. Una herida que supura y que palpita. Libros que tienen que ver más con las pesadillas que con los sueños. Cuando pienso en un libro así siempre recuerdo "Sobre héroes y tumbas" de Ernesto Sabato. Uno de sus capítulos, el Informe sobre ciegos es, sencillamente aterrador.
Un personaje destaca en mi recuerdo: Alejandra Vidal. Posiblemente en mi historia como lector no conozco un personaje que me haya inquietado más. Me asustaba y atraía al mismo tiempo, como un abismo.
Muchas veces me pregunté cómo sería la persona capaz de crear aquella oscuridad.

Si no lo has leído, Otro, arriésgate. No es fácil, pero te aseguro que luego de leerlo no serás el mismo. El libro inicia así:

"Las primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servía de dormitorio a Alejandra fue cerrado con llave desde adentro por la propia Alejandra. Luego (aunque lógicamente no se puede precisar el lapso transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre 32. Finalmente echó nafta y prendió fuego"

Hoy, a los 99 años, murió Ernesto Sabato, otro maestro.

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