martes, 9 de octubre de 2007

Estar borroso

Otro, ¿Has estado borroso?
Hoy está nublado. Hay una lluvia finísima limpiando los pecados del mundo. Quizá también los míos.
Y cuando eso ocurre yo también me nublo.
Hoy empecé una novela. ¡Qué placer empezar una novela! Y curiosamente me encuentro con un texto borroso, difuso, con neblina. Mira:

“Las luces de la estación y las frases que estás leyendo parecen tener la tarea de disolver más que de indicar las cosas que afloran de un velo de oscuridad y niebla (…) Todo mezclado en un único olor que es el de la espera, el olor de las cabinas telefónicas cuando sólo cabe recuperar las monedas porque el numero llamado no da señales de vida (…) esta estación se llama solamente ‘estación’ y al margen de ella no existe sino la señal sin la respuesta de un teléfono que suena en una habitación oscura de una ciudad lejana”.

Es de Italo Calvino. Huele a melancolía. Huele suavemente.

Y quizá no sea una coincidencia que hace unos días, en el taller de creatividad, cuando Guy Pierre me pidió escribir un poema escribiera esto:

Nada.
Sólo la niebla,
solo preguntas,
nada.

Y a lo lejos, como un faro,
el resplandor de la palabra.
Y esa palabra es un otro,
una voz que en la distancia
tampoco sabe y pregunta.
Sólo nube
niebla
nada.

Estando así las cosas, nublado afuera y nublado adentro, ¿qué se puede hacer sino poner una suite para cello de Bach y servirse una copita de vino. ¿Te sirvo una?

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