martes, 16 de octubre de 2007

tan terrestre, tanto...

"Soñé que era un ala
desperté
con el tirón
de mis raíces"

(Claribel Alegría)

¿Alguna vez, otro, fuiste pez? ¿Fuiste ave?
Y yo ¿Cuándo dejé de serlo? ¿Desde cuándo me mantengo sobre mis pies, torpemente, tratando de aferrarme a la dura tierra?

El domingo, cuando se abrió el telón, fue la danza. Fue la posibilidad del juego, de la sonrisa, de los gestos más sencillos vueltos ritmo. Fue la levedad y la lentitud, los cuerpos capaces de engañar a la gravedad, esa invencible. Fue el caminar paso a paso bajo el agua o en un sueño. Fue la infancia recobrada, los giros en la rueda de la fortuna que es todas las ruedas y la única. Fue el asombro y la belleza en movimiento. Fue decirlo todo, diciendo nada.
Fue la danza.

Y entonces... ¿Porqué esta azul melancolía naciendome en el pecho? ¿Porque esta dulcísima tristeza?

Es justo eso, otro, ¿Te das cuenta?: mi pesada certeza de terrestre, la conciencia grávida de estar hecho de barro, de ser más piedra que ala, más ceniza que humo, más flor que mariposa.
Es la renuncia a esa levedad que se me niega, a ese vuelo.
Es aquello que tan bien dijo Claribel, poeta nicaragüense: ni más ni menos que el tirón de mis raíces.


(Palabras nacidas al volver de la función de "ROTA", de la 'Companhia de dança Deborah Colker', del Brasil)

3 comentarios:

Marciana dijo...

No, no he soñado ser pez aunque el agua me abraza, no he soñado con tener alas aunque a ratos vuelo, pero he añorado en cambio de forma tan absolutamente terrestre dejar de ser marciana, he llorado tan hondo callada y muda, he deseado con tanta fuerza salir al mercado y volver andando sin el ardor de cada paso, mirarme al espejo y encontrar en él mi rostro pintado de piel canela para disimular este verde que me mata, he querido tantas veces hablar en un ídioma que me deje menos sola, he tenido tanta sed de amor y risa, de miradas, me he dolido tanto de esta marcianitud que me descubro y me confieso, absolutamente humana.

Hummingbird dijo...

Yo he sido pez muchas veces...
cada vez que mi cuerpo se rodea completamente de agua me siento un pez,
cada vez que toco otra piel rodeada de agua me siento pez,
cada vez que sueño y construyo castillos de arena me siento pez,
cada vez que me pierdo en la imaginación me siento pez,
cada vez que creo fielmente en los otros me siento pez,
cada vez que guardo silencio me siento pez,
Pero viene la absurda realidad de la cotidianeidad, de la rutina, y me hacen empezar a respirar con dificultad, a sentir que mis agallas no soportan tanto aire ni mi cuerpo tanta gravedad.
Y no me queda otra que ponerme en pie, secar el exceso de agua, recoger mis sueños, mis ilusiones, mis castillos de arena, y cobrar consciencia de mis pulmones, mis piernas, mi piel... mi humanidad.

Claire dijo...

Me encanta la manera poética que tienes para describir tus experiencias. Aprendo de tí y de marciana y de hummingbird.